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Quien se exalte será humillado
Y quien se humille será exaltado
Cita bíblica
Juanito, Juan Dieguito, escucha, hijo mío, el más pequeño, Juanito, ¿a dónde te diriges? (...) Señora mía, Reina mía, Muchachita mía, allá llegaré, a tu venerable casa, en México Tlaltelolco (…) sábelo, ten por cierto, hijo mío, que yo soy en verdad la perfecta siempre Virgen María, que tengo el honor y la dicha de ser Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive (…) mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada (…) por esto mucho te suplico, Señora mía, Reina mía, Muchachita mía, que a alguno de los estimados nobles que sea conocido, respetado, honrado, le encargues que conduzca con tu venerable aliento, tu venerable palabra para que le crean. Porque yo soy un hombre de campo, en verdad soy parihuela, soy la cuerda de los cargadores, sólo soy cola, soy ala, yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mi detenerme allá a donde me envías, mi Muchachita, mi Hija, la más pequeña, Señora, mi Niña (…) Escucha, tú, el más pequeño de mis hijos, ten por cierto que no son escasos mis servidores, mis mensajeros a quien encargue que lleven mi aliento, mi palabra, para que efectúen mi voluntad, pero es necesario que tú, personalmente, vayas, ruegues, que por tu intercesión se realice, se lleve a cabo mi voluntad (…) yo que soy la Madre de Dios, te envío a ti como mi mensajero (…) no temas la enfermedad, ni ninguna otra enfermedad. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?¿No estás bajo mi sombra y mi resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Acaso tienes necesidad de alguna otra cosa?”.
Estos no son sino trozos del relato que aparece en el Nican Mopohua, en náhuatl, sobre las cuatro apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego y las conversaciones que sostuvieron entre ellos. Juan Diego Cuauhtlatoatzin, indio sencillo, pero no por eso menos sabio, transmitiendo con inmenso amor y un lenguaje sobrecogedor por su sencillez su sentir frente a un fenómeno que no alcanzaba a comprender. Cómo siendo nadie, según él, había sido llamado por la Madre del Creador para llevar un mensaje a un personaje de altísima jerarquía, Fray Juan de Zumárraga, obispo franciscano que representaba la religión católica a la que ya Juan Diego pertenecía y practicaba con devoción.
La Virgen se expresa en lenguaje indígena también, en náhuatl. Su comunicación con Juan Diego es intensa, magnífica, esplendorosa. Transmite su grandeza, al proclamarse Madre del Creador, y su inmensa generosidad al acoger a ese pueblo indígena que había sufrido lo indecible hacía apenas unos cuantos años, y que seguía sufriendo bajo el dominio de conquistadores ¿desalmados? sólo controlados muy parcialmente por unos cuantos misioneros que intentaban detener –sin éxito las más de las veces– sus inhumanos abusos. La conquista, en 1521, acompañada de una terrible enfermedad, la viruela, que trajeron los conquistadores, diezmó la población. El fenómeno de la aparición de la Virgen de Guadalupe en 1531 habría de cambiar la historia del mundo indígena. Una Virgen mestiza, no blanca, no indígena, una Virgen que se comunica no con los poderosos como Fray Juan de Zumárraga, por ejemplo, sino con un sencillísimo y dignísimo representante de la raza indígena. Una Virgen que habla como ellos y piensa como ellos. Una Virgen que ofrece comprensión y amor infinito. Una Virgen que los recoge en su manto y les ofrece sus brazos y sus manos para recibir a sus corazones.
La Virgen de Guadalupe es una señal de amor y de esperanza que cautivó al mundo indígena y lo sigue cautivando, pero ahora también a todos los mexicanos, independientemente de su origen racial e inclusive, cosa extraña, de su pensamiento religioso. Ella es mestiza y representa un modelo de evangelización que recoge a dos culturas. Ella es amor y mensaje de esperanza. Ella nos escucha y nos consuela y nos abriga en su manto y entre sus brazos. Ella, Reina mía, Señora mía, Muchachita mía, Pequeña niña, nos ama intensamente y nosotros la amamos con la misma intensidad.
La aparición de la Virgen de Guadalupe no es sino un fenómeno que cambió la historia de un pueblo, el nuestro, el mexicano.
Presidente de Sociedad en Movimiento
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